Esta es la pregunta que la mayoría de los alumnos se han hecho alguna vez, ¿acaso estoy aprendiendo?.
Los deberes más mecánicos y repetitivos que puedan existir, los exámenes que en lugar de valorar enjuician o el simple acto de estudiar como loros ha provocado que los alumnos no sólo no logren adquirir los conocimientos debidamente sino también ha establecido una aversión ante cualquier aprendizaje que se imparta en las aulas.
El problema no sólo se encuadra en la desmotivación estudiantil, también cohíbe nuestra creatividad, matándola de una forma progresiva como si de una enfermedad terminal se tratase. El mero hecho de tratar de conservarla podría tratarse de un acto de valentía.
Así han estado las cosas estos últimos años y la verdad es que me aburro,me aburro mucho.
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